Un compromiso a establecerse

David tiene suficiente experiencia para saber, que la verdad de Dios es gratuita, pero no es barata. Él comprende que Dios no distribuye su verdad, como si fuera una muestra de alguna golosina en un carnaval. Pablo diría mucho después, que la verdad de Dios se ha de «discernir espiritualmente», y que sólo el Espíritu de Dios puede hacer que un hombre comprenda su verdad. Por lo tanto, después de pedir a Dios que le enseñe sus estatutos, David añade: «lo guardaré hasta el fin».

El compromiso se establece antes que la verdad sea revelada. David se   compromete a que no importa cuál sea el camino de los estatutos de Dios, él   los va a guardar hasta el fin, aun si las cosas se ponen difíciles. Esta es   la razón por la cual, muchos creyentes no captan el conocimiento de la verdad   de Dios. Ellos «siempre están aprendiendo y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad». Quieren el conocimiento, pero no quieren comprometerse a guardarlo. Siguiendo la más alta tradición democrática, quieren que Dios les revele su verdad para luego someterla a votación y   aprobarla en su caso.

No dejemos atrás el «camino» de los estatutos de Dios sin meditar un poco  más en lo que esto significa. Hay dos aspectos de esta oración que tienen  mucho que ver con nuestras vidas. En primer lugar, Dios tiene una verdad. Esa verdad forma un «camino» que nos guía. Conocí a la que ahora es mi esposa mientras escalaba el Monte Cuerno de la cordillera Sangre de Cristo, en el sur del estado de Colorado. Estaba un grupo en un campamento y nos cuentan la siguiente historia: Desde nuestro campamento se podían observar varios montes grandes que se elevaban a unos 4300 metros de altura. Entre nosotros y el monte nevado, que era nuestro destino había un inmenso bosque de pinos. Uno podría pasarse toda una vida recorriendo el bosque y las praderas tratando de llegar a ese monte.

Afortunadamente, había un «camino» que llevaba al monte, y yo lo conocía.   Nuestro grupo de más de veinte jóvenes subió y bajó. Viajamos por bosques densos, atravesamos praderas de montañas y cruzamos arroyos. Algunas veces nos encontrábamos con otros caminos que se separaban de «el camino» al monte. La mayoría de las veces ni siquiera podíamos ver el monte. Ocasionalmente, aparecería   con toda su gloria en un claro entre los árboles.

A veces hasta parecía que caminábamos en la dirección equivocada, pero   permanecimos en «el camino» que conocíamos. Llegamos al final del bosque y de   allí en adelante el monte siempre estaba a la vista, haciendo más fácil que   mantuviéramos nuestra perspectiva. Esto no quería decir que nuestra excursión era más fácil. ¡Al contrario! Aún en ese caso, teníamos que guardar «el camino». La mayoría de las veces era estrecho y rodeado de acantilados en cada lado.